ESTO ES UNA HISTORIA REAL.

La utilización de agentes químicos como fertilizantes era una realidad cotidiana en los años 70, al igual que la lucha del estado albanés para erradicar de la sociedad hasta el último rastro de religión, fuera de la confesión que fuera. Estos dos hechos, aparentemente distantes tienen un denominador común, la locura, tan asociada a la irracionalidad independientemente de su origen. Al igual que en las intoxicaciones por el cornezuelo del centeno, la población de la Albania rural reaccionó achacando la responsabilidad del mal al propio mal, es decir, a criaturas demoniacas, carentes de motivaciones más allá de provocar la desgracia.

Acabar con una religión es posible; lo imposible es cortar de raíz el pensamiento mágico; extirparlo de nuestro cerebro. Al fin y al cabo es el mecanismo que nos permite explicar aquellos sucesos que no entendemos. Así nace y se extiende la superstición, pues en nuestro pensamiento racional permanece latente la irracionalidad. Y eso es lo fascinante, porque es universal. La historia real la podemos leer en los Enver de todo el mundo, ya sea en Mesopotam, o en una aldea perdida de la Galicia rural.

La aspiración de crear un hombre plenamente racional es tan inalcanzable como el “kukuth” que anidó en el hijo de los Simaku. Hay que admitir que siempre existe una idea para explicarlo todo, una idea antigua, que ya se utilizó para justificar un caso idéntico, o similar, o remotamente parecido. Y entonces no hace falta saber de química para combatir al enemigo, basta con rezar, poner velas, tener fe.

La racionalidad solo puede triunfar cuando triunfe la cultura, algo que solo es posible afrontando e incorporando el potencial espiritual de nuestra mente. Tan ingenuo es el aquel que solo cree en la ciencia como el que únicamente cree en supersticiones. Nos guste o no, somos una suma de ambas, aunque solo sea porque forman parte de nuestra evolución cultural. Negar la religión tradición es encaminarse hacia el fracaso. Conocerla y explicarla es el primer paso para superar sus aspectos negativos. Cuando lo desconocido deje de ser mágico, la magia estará al alcance de todo el mundo.

Hasta entonces, habrá muchas más historias reales.

Por Nacho Carratalà

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